La Asociación Británica de Veterinarios (BVA), que representa a más de 19.000 veterinarios y estudiantes de Veterinaria en el Reino Unido, ha publicado una carta abierta, cofirmada junto a otras 19 organizaciones veterinarias, en la que pide la continuidad de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Cambridge, amenazada por un posible cierre.
La publicación de la carta se produce tras una reunión celebrada este viernes 9 de enero entre el presidente de la BVA, Rob Williams, y representantes de la School of the Biological Sciences de la University of Cambridge, en la que Williams instó a la institución a revertir su recomendación al General Board de la Universidad de poner fin al grado universitario en Veterinaria.
En la carta, Williams traslada la “fuerte oposición” existente en el conjunto de la profesión veterinaria al cierre de la facultad, subrayando el papel “vital” que desempeña para garantizar que el Reino Unido cuente con una fuerza laboral veterinaria resiliente, clave para la economía, la sanidad y el bienestar animal, así como para la protección frente a riesgos de salud pública como futuras pandemias.
Según el contenido del documento, el argumento a favor del cierre se basa en preocupaciones financieras relacionadas con la formación clínica y en una supuesta incapacidad para encontrar un modelo viable de servicios clínicos. Sin embargo, los firmantes consideran que la decisión del Council of the School of Biological Sciences es “prematura, errónea y cortoplacista”, al ignorar el bien público “inconmensurable” que aporta la escuela y las distintas opciones viables existentes para abordar la docencia clínica.
La carta sostiene que el valor de la Cambridge Vet School no puede medirse únicamente a partir del déficit financiero de un hospital clínico. En este sentido, recuerda que la Universidad, como el mayor clúster biomédico de Europa, dispone de los recursos financieros e intelectuales necesarios para resolver los retos asociados al modelo de servicios clínicos.
Los organismos profesionales, el personal y los estudiantes se muestran unidos en su diagnóstico y califican la recomendación de cierre de “precipitada, injustificada y defectuosa”. Por ello, consideran “crítico” que los órganos de gobierno de la Universidad rechacen esta propuesta, reconozcan el bien público “irreemplazable” que presta la escuela y se comprometan a encontrar un modelo de financiación sólido y sostenible que preserve el papel de Cambridge en la vanguardia de la salud global y el liderazgo científico. La facultad, subrayan, es “un recurso nacional indispensable que debe ser preservado y plenamente apoyado”.
Asimismo, el cierre implicaría la pérdida de un centro clave para la atención de casos derivados, esencial para la libertad de elección de los clientes y para la provisión de atención de alto nivel en la zona, especialmente en el ámbito de los animales de producción. A un nivel más amplio, la clausura de una de las instituciones formativas más prestigiosas del país tendría un impacto negativo significativo en la cantera y la sostenibilidad futura de la profesión veterinaria, limitando la disponibilidad de profesionales altamente cualificados necesarios para garantizar la seguridad alimentaria, el bienestar animal y un sector agrícola saludable.