El brote de peste porcina africana arrancó con una descoordinación informativa que obligó a reajustar la comunicación oficial entre administraciones
¿Cómo se está gestionando la comunicación durante la crisis de la peste porcina africana en España?
El brote de peste porcina africana arrancó con una descoordinación informativa que obligó a reajustar la comunicación oficial entre administraciones
Francisco Ramón López -
11-12-2025 - 10:24 H -
min.
Desde la detección de jabalíes positivos a peste porcina africana (PPA) en el municipio de Cerdanyola del Vallés (Barcelona) el pasado 28 de noviembre, la comunicación por parte de las autoridades competentes en sanidad animal en España se ha producido prácticamente a diario.
En el país, las competencias en sanidad animal están repartidas entre las comunidades autónomas y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), por lo que tanto el Departamento de Agricultura catalán —con el consejero Òscar Ordeig al frente— como el propio MAPA han sido los encargados de mantener informada a la población.
En este sentido, siguiendo la normativa española y europea, el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete —perteneciente al MAPA— es el encargado de confirmar los positivos de enfermedades animales a través de la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria (Rasve). Sin embargo, durante los primeros días de la crisis sanitaria, quedó patente una falta de coordinación en la comunicación de los positivos en PPA en jabalíes.
Y es que las autoridades catalanas, en un intento de agilizar la generación de información y mantener a la prensa actualizada prácticamente en tiempo real, adelantaron datos que en determinados momentos ni siquiera habían llegado al propio ministro de Agricultura, Luis Planas.
Esta situación quedó reflejada en la rueda de prensa que dio Planas el 29 de noviembre, un día después de la comunicación del foco. Ese mismo día, horas antes de la intervención del ministro, Ordeig hizo referencia a cuatro animales sospechosos que todavía no habían sido comunicados al Ministerio de Agricultura.
De este modo, Planas tuvo conocimiento a través de la prensa de estos jabalíes sospechosos y trató de explicar el procedimiento de comunicación oficial de focos de enfermedades animales. “Quiero recordarles que solo hay dos casos, solo existe esa declaración certificada”, aclaró y admitió, visiblemente molesto, que el procedimiento no se había seguido en este caso.
“Cuando se nos comuniquen y se nos transmitan las muestras de estos cuatro casos, podremos, como Gobierno de España y como Laboratorio Central de Algete, confirmar esta circunstancia. Pero, en todo caso, por lo que leo y escucho, evidentemente veo claramente que se trata de noticias de las últimas dos horas; por eso parece normal. Supongo que en los próximos minutos recibiremos la comunicación y las muestras”, manifestó el ministro de Agricultura.
Tras este toque de atención por parte del ministro, en la siguiente rueda de prensa, celebrada el 1 de diciembre en el Ministerio, Planas quiso remarcar la buena relación del Ejecutivo central con las autoridades catalanas. Sin embargo, sin esperar al turno de preguntas de la prensa, volvió a aludir a otra información adelantada desde el Departamento de Agricultura de Cataluña, que mencionaba más de 40 jabalíes muertos en la zona de restricción.
Por ello, volvió a recordar la importancia de la comunicación de los positivos a enfermedades animales por parte del Gobierno central, y que, oficialmente, no había actualización de casos. “Por cierto —y permítanme un comentario que no es en absoluto una crítica—, trabajamos en plena confianza con todos ustedes, con todos los periodistas que siguen las actividades de este Ministerio. Pero, efectivamente, solo los casos que están certificados por el laboratorio de referencia, que es el laboratorio de Algete, constituyen los casos que comunicamos a la Comisión Europea”, manifestó.
“En las últimas horas he visto en algún medio de comunicación —que ciertamente no es responsabilidad de ustedes, sino de quien lo ha expresado así— la mención a algunos posibles casos. Inmediatamente, como saben, la comunicación es instantánea y hemos recibido peticiones de información suplementaria. Por tanto, resumo: dos casos confirmados en este momento y varias muestras que están examinándose, donde no descartamos, evidentemente, ningún resultado, pero tampoco concluimos en sentido positivo ni negativo respecto del tema”, insistió.
El 2 de diciembre, tras estas dos ruedas de prensa, ya era evidente que la forma de comunicar había cambiado drásticamente. Ese día, en la rueda de prensa de la Generalitat ofrecida por Òrdeig, el consejero se negó a responder a las preguntas de la prensa sobre nuevos casos, argumentando que esta competencia pertenece al Ministerio de Agricultura.
Este episodio coincidió con otra divergencia en la comunicación sobre la crisis sanitaria, aunque esta vez no provino de la Generalitat, sino del propio delegado del Gobierno de Cataluña, Carlos Prieto, que horas antes de la rueda de prensa del consejero de Agricultura ya daba por confirmados cuatro nuevos casos.
Esto hizo necesario que Òrdeig tuviera que aclarar en numerosas ocasiones durante su intervención que esos positivos no eran todavía oficiales. Finalmente, a través de la Rasve se confirmaron 7 nuevos casos y no los 4 que había adelantado el delegado del Gobierno.
El giro en la estrategia comunicativa se hizo aún más visible ante noticias de elevado interés periodístico —como la apertura, el 5 de diciembre, de una investigación sobre el origen del virus que circula en Cataluña, en la que se contemplaban todas las hipótesis, incluida una posible fuga de laboratorio—, pues las autoridades catalanas dejaron de facilitar información adicional y se remitieron exclusivamente al Ministerio.
Con este contexto se llega al escenario actual, en el que la comunicación parece seguir el cauce institucional tradicional. Esto supone el retorno a la visión del Ministerio de Agricultura sobre la gestión informativa en este tipo de situaciones, una interpretación más conservadora del papel de las Administraciones, que pasa por esperar a que se completen todos los procedimientos antes de ofrecer información pública.
Una visión que no termina de encajar con los ritmos informativos actuales, dominados por la inmediatez digital y por las demandas de una sociedad que exige información transparente y en tiempo real, lo que ha generado críticas. Un ejemplo es el del Partido Popular, que esta misma semana señalaba que no podía esperar a “una convocatoria ordinaria” para obtener más datos relativos a la investigación sobre el origen del virus.
En este sentido, el PP acusó a Planas de ser “opaco y lento en la transmisión de las informaciones”, recordando que los gobiernos regionales conocieron algunos detalles a través de los medios. Una situación que describió como “una auténtica deslealtad y un hecho inaudito del Ejecutivo nacional, que parece no estar a la altura de las circunstancias”.
En la misma línea, desde el Gobierno de Aragón —región vecina a Cataluña, donde se ha detectado el foco de peste porcina africana— lamentaron la falta de información transmitida por los cauces oficiales tras conocerse la apertura de la investigación sobre el origen del brote.
Incluso el consejero de Agricultura, Ganadería y Alimentación, Javier Rincón, calificó de “incomprensible” la situación. “A Aragón se le pide colaboración y la estamos dando, pero, a día de hoy, no hemos recibido datos concretos de la evolución de la PPA en Cataluña ni del posible origen del foco”, insistió.
La crisis de la peste porcina africana ha demostrado que, en situaciones de especial complejidad sanitaria, la agilidad, la claridad y la coordinación en la comunicación son tan relevantes como las propias medidas técnicas de control, especialmente cuando se aspira a liderar el flujo de información. El reto ahora será mantener un sistema consistente, capaz de responder a la vez a las exigencias procedimentales y al ritmo con el que la sociedad demanda los datos.