Después del fuego: Por qué el veterinario es clave para la recuperación
Lucía Sánchez-Tejado -
29-07-2026 - 11:20 H -
min.
Veterinaria especializada en crimen ambiental y One Health
Los incendios forestales suelen evaluarse por la superficie quemada, las viviendas afectadas, las personas evacuadas y los recursos movilizados. Pero estos datos no muestran por completo sus consecuencias sobre los animales, las explotaciones y la economía rural.
Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2025 el fuego afectó a unas 3.000 explotaciones ganaderas y más de 35.000 hectáreas de uso agrícola. A ello se sumaron la pérdida de pastos, los daños en infraestructuras y las dificultades para mantener la actividad.
Estas cifras agrupan situaciones diferentes: Una explotación puede perder animales, instalaciones o alimento; en otros casos, el fuego obliga a trasladar el ganado, interrumpe el agua o dificulta el acceso de trabajadores y veterinarios.
Sin embargo, el impacto no se limita a los animales de producción. Los animales de compañía pueden quedar atrapados, sufrir lesiones, separarse de sus familias o necesitar evacuación y alojamiento temporal. La atención veterinaria, su identificación y la coordinación de espacios de acogida forman parte de la respuesta. La pérdida de un animal con el que existe un vínculo afectivo difícilmente puede expresarse en términos económicos, pero forma parte del daño sufrido por las personas.
La fauna silvestre constituye otra dimensión menos visible. Algunos animales mueren o resultan lesionados por el fuego, el humo o el calor; otros pierden refugio, alimento o lugares de reproducción. Su desplazamiento puede acercarlos a carreteras, explotaciones o núcleos habitados. Atender estas situaciones requiere la colaboración de veterinarios, agentes ambientales, centros de recuperación de fauna y administraciones.
Comprender la dimensión económica exige ir más allá del valor de los bienes destruidos y observar lo que sucede durante los meses posteriores.
El primer nivel de daños es el más obvio: animales muertos o lesionados, instalaciones destruidas, equipos inutilizados y pérdida de pastos o forrajes. Después aparecen costes secundarios como el transporte de los animales, el alojamiento temporal, la compra de alimento extra, el abastecimiento de agua limpia, la atención veterinaria o la retirada de cadáveres.
También existen pérdidas diferidas: Un animal puede sobrevivir, pero necesitará tiempo para recuperar su condición corporal o su rendimiento productivo. La exposición al humo, el estrés, las lesiones y los cambios de manejo pueden afectar a su evolución clínica.
Algo similar ocurre con los recursos naturales: Un pasto puede comenzar a regenerarse y no estar disponible cuando el ganado lo necesita. Además, un punto de agua requerirá controles específicos si existe arrastre de cenizas, sedimentos o residuos procedentes de las zonas quemadas. Estos materiales pueden alterar su calidad y convertir una fuente aparentemente disponible en un riesgo para el ganado, la fauna silvestre e incluso para las personas. Por ello, antes de volver a utilizarla, será necesario valorar su estado y determinar si precisa limpieza, tratamiento o restricciones temporales de uso.
La función más evidente del veterinario es atender a los animales afectados. El triaje permite establecer prioridades, identificar lesiones graves y decidir qué animales necesitan tratamiento, vigilancia o traslado. Esta valoración también tiene una dimensión económica: El pronóstico ayuda a estimar las necesidades de tratamiento, las posibilidades de recuperación y las consecuencias de una lesión sobre el bienestar y la aptitud productiva.
No se trata, ni mucho menos, de sustituir el trabajo de peritos, aseguradores o responsables administrativos; la aportación veterinaria consiste en documentar el estado sanitario de los animales y su evolución. Los informes clínicos, los registros de mortalidad, los tratamientos y las limitaciones de movimiento o producción ayudan a reconstruir lo sucedido.
Además, la intervención veterinaria puede evitar que el impacto aumente. Vigilar los signos respiratorios, adaptar la alimentación, revisar el agua, controlar el estrés y establecer medidas de bioseguridad cuando se reúnen animales son actuaciones con consecuencias sanitarias y económicas.
En algunas situaciones, la decisión adecuada será tratar al animal. En otras, habrá que modificar su manejo, separarlo del grupo o practicar una eutanasia humanitaria cuando no exista una posibilidad de recuperación. Una buena decisión clínica reduce el sufrimiento (siendo esto lo más importante) y permite utilizar de forma proporcionada recursos limitados durante una emergencia.
El enfoque de “Una sola salud”, conocido como One Health, parte de la relación entre la salud de las personas, los animales y los ecosistemas. Aplicado a los incendios, muestra que los daños sanitarios, ambientales y económicos no se producen de manera independiente.
La pérdida o contaminación de un punto de agua puede afectar a la fauna silvestre, al ganado, a la producción de alimentos y a las personas. El desplazamiento de animales silvestres puede modificar sus contactos con explotaciones y núcleos habitados. Del mismo modo, agrupar animales domésticos puede generar nuevas necesidades de vigilancia sanitaria y bioseguridad.
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), sitúa a los servicios veterinarios dentro de todas las fases de la gestión de desastres. Sus orientaciones incluyen proteger la salud y el bienestar animal, salvaguardar la salud humana y ambiental y contribuir a la recuperación económica y social.
Esto no significa que el veterinario deba asumir funciones de otros profesionales, sino que la información sanitaria deberá relacionarse con la gestión ganadera, la salud pública, el medioambiente, la seguridad alimentaria y la recuperación económica.
La respuesta a un incendio no termina cuando se apagan las llamas. A partir de ese momento comienza una recuperación en la que deben abordarse de forma conjunta la atención a los animales, la continuidad de las explotaciones, la protección de la salud pública y la restauración del entorno.
En este proceso, el veterinario aporta algo más que asistencia clínica. Su conocimiento permite valorar las consecuencias del fuego sobre los animales de producción, los animales de compañía y la fauna silvestre, detectar riesgos sanitarios y orientar decisiones que pueden condicionar la recuperación durante los meses y años siguientes.
Esta mirada resulta especialmente importante en el medio rural, donde la desaparición de una explotación no afecta únicamente a su propietario. También puede suponer la pérdida de empleo, producción de alimentos, conocimientos y actividad económica, además de debilitar las comunidades que dependen de ella. En determinados territorios, la ganadería extensiva forma parte de la vida rural y contribuye al manejo de la vegetación. El pastoreo controlado, junto con una adecuada gestión forestal, puede ayudar como medida complementaria a reducir la carga de combustible y mantener algunas áreas cortafuegos, siempre dentro de una planificación técnica.
Cuando una explotación cierra, por tanto, no desaparece solo una unidad productiva. También puede abandonarse parte del territorio y perderse una forma de relacionarse con el entorno construida durante generaciones. La intervención veterinaria, al proteger la salud animal y contribuir a la continuidad de estas actividades, también ayuda a proteger a las personas y a mantener vivo el territorio, evitando que el daño provocado por el incendio termine convirtiéndose en despoblación y abandono.
Entender los incendios desde el enfoque One Health permite integrar todas estas dimensiones. No se trata únicamente de contabilizar las pérdidas, sino de reconstruir las condiciones necesarias para que los animales, las comunidades rurales y los ecosistemas puedan recuperarse juntos. En ese proceso, el veterinario no solo atiende a los animales después del incendio, sino que contribuye a sostener la recuperación sanitaria, económica y social del medio rural y, con ello, a mantener vivo el territorio.