MIÉRCOLES, 15 de julio 2026

MIÉ, 15/7/2026

OPINIÓN

In Memorian José Carlos Gómez Villamandos

In Memorian José Carlos Gómez Villamandos

In Memorian José Carlos Gómez Villamandos

Librado Carrasco - 15-06-2026 - 07:42 H - min.

Doctor en Veterinaria por la Universidad de Córdoba

Hace una semana (el pasado 2 de junio) nos llegaba la triste noticia del fallecimiento de nuestro compañero, y amigo José Carlos Gómez Villamandos y, como muchas cosas en su vida, parecía que ese día encerraba una razón, ya que se producía el mismo día en el que una de sus últimas discípulas alcanzaba la cátedra. Aunque muchas personas lo han conocido y lo recordarán por su paso por la política universitaria, donde llegó a desempeñar el cargo de presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) o de la política autonómica, por su excelente trabajo como consejero de Universidades, Investigación e Innovación, muchas personas siempre uniremos su recuerdo a esas primeras etapas en la vida universitaria.

En la elección de estudiar veterinaria por José Carlos influyeron dos aspectos que siempre estuvieron presentes de una u otra forma en su vida: por un lado, la figura de su tío, el Prof. Gaspar Gómez Cardenás, que había sido el maestro del Prof. Amador Jover Moyano, quien a su vez fue, sin lugar a dudas, una de las personas que más influyó en José Carlos. Y, por otro lado, su padre, que, si bien no era veterinario, estaba muy relacionado con el sector avícola, una influencia que se ponía de manifiesto por el interés que siempre tenía José Carlos por la patología aviar.

Nuestra incorporación a la universidad, en concreto a la antigua cátedra de Histología y Anatomía Patológica de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba, que era dirigida por el profesor Amador Jover Moyano, se produjo en una época en la que estaban teniendo lugar una serie de circunstancias que marcarían nuestra trayectoria, ya que no solamente el prof. Jover era el decano de la Facultad, un puesto desde el que posteriormente pasaría a ser el rector de nuestra universidad, una implicación en la gestión universitaria que desde el primer momento ilusionó a José Carlos, sino que también se produjo un profundo cambio en las líneas de investigación del grupo al que nos incorporábamos, pasando del estudio del efecto del shock en diferentes órganos, una línea en la que se encuadraban las tesis de compañeros como los profesores Antonio Bernabé, Elena Mozos, Aniceto Méndez o Antonio Fernández, al estudio de la patogenia de la peste porcina africana, una línea de investigación que se comenzaba en ese momento, en colaboración con José Manuel Sánchez-Vizcaino.

Implicarnos en esa nueva línea de investigación, en la que desarrollaríamos nuestra tesis doctoral, nos marcaría para siempre, ya que tuvimos la oportunidad de vivir no solo las infecciones experimentales en el INIA (primero en la calle Embajadores y posteriormente en el laboratorio de Valdeolmos), sino también ese aprendizaje y esa colaboración con el equipo del Prof. Sánchez-Vizcaíno, que nos abrió las puertas, como docentes, en los cursos de enfermedades exóticas que se realizaban en el INIA e involucrarnos, con esa ilusión que siempre tenía José Carlos, en nuevas enfermedades como la peste porcina clásica, la peste equina o las enfermedades producidas por priones. Recordar esa etapa en la que nuestra vida pivotaba entre la docencia de las prácticas de diferentes asignaturas, en las que disfrutábamos del contacto con los estudiantes de veterinaria, a los que involucrábamos en el laboratorio y a los que animábamos a seguir nuestros pasos en esas horas en “blanco y negro”, que nunca pasaban, en el microscopio electrónico, y a los que les transmitíamos esa pasión por la investigación, que, a su vez, nos habían transmitido nuestros maestros, en especial los profesores Miguel Ángel Sierra y  Tomás Moyano. Unos estudiantes, entre los que se encontraban los que con el paso del tiempo han sido profesores e investigadores de diferentes universidades y centros de investigación, tanto españoles como de diferentes países, y que tuvieron la oportunidad de conocer esa faceta también familiar de José Carlos, ya que, aunque con el tiempo iba asumiendo cada vez más responsabilidades de gestión, siempre encontraba ese hueco, muchas veces en su casa, para darle una vuelta a los resultados, para corregir un trabajo o para plasmar en una pizarra esas ideas que iban tomando forma de objetivos de un nuevo estudio.

Su pasión por la investigación era, sin lugar a dudas, una de sus señas de identidad, independientemente del puesto que desempeñara, a veces más próximo a nuestro querido microscopio electrónico, como cuando fue director del Servicio Central de Investigación de nuestra Universidad, como Rector al impulsar, entre otras muchas iniciativas, la Unidad de Investigación Competitiva de Zoonosis y Enfermedades Emergentes de la Universidad de Córdoba (ENZOEM), o con la puesta en marcha del Centro Andaluz de Investigación de Zoonosis y Enfermedades Emergentes (CAIZEM).   

Este mes de junio nos dejó una persona que ha dejado una huella imborrable en la universidad que tanto quería, en la profesión que tanto defendía y, sobre todo, en todos los que hemos tenido la fortuna de compartir proyectos, vida y amistad.

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