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MADRID

OPINIÓN

¿Qué es ser sanitario? ¿Lo soy realmente?

¿Qué es ser sanitario? ¿Lo soy realmente?

José Fernández Romojaro - 25-04-2018 - 11:00 H

Presidente del Sindicato Veterinario Profesional de Asturias

A veces miro alrededor y me da la sensación de que, no sólo la sociedad y los políticos, sino también los propios veterinarios, hemos perdido la perspectiva de lo importante que es para la sociedad la medicina veterinaria en su más amplio sentido.

Se atribuye a Luis Pasteur la frase “la medicina cura al hombre, la medicina veterinaria cura la humanidad”. Sin embargo, muchos de nuestros colegas, o directamente ignoran que la veterinaria es una profesión sanitaria o, si lo saben, no tienen claras las razones por las que lo es.

Lo primero que hay que decir es que una profesión es sanitaria o no únicamente en función de que esté legalmente reconocida como tal; no valen opiniones ni valoraciones. La veterinaria es una de las licenciaturas, ahora grado, históricamente reconocidas como sanitarias. Ya en 1986, a través de la Ley General de Sanidad (14/1986, de 25 de abril) se le reconoció este estatus, y esto no ha variado hasta hoy.

A pesar de ello, la profesión en su conjunto pareció haber olvidado durante largo tiempo este carácter sanitario dedicándose en cuerpo y alma a la especialización, mejora y publicidad de nuestras habilidades como médicos y cirujanos de animales, enfatizando, cara a la galería, mucho más en cómo podíamos mejorar sus vidas que en cuanto más seguros sanitariamente serían nuestros hogares si nuestras mascotas visitaran con regularidad al veterinario. Piensen si no en la temática de los programas que la televisión dedica a nuestra profesión.

Quién sabe, quizá lo hemos hecho arrastrados por nuestros propios sentimientos o por el incremento en la recaudación que aporta tocar esa fibra sensible del sufrimiento de nuestros pequeños amigos. Pero, estimados colegas, aquí ha nacido el monstruo, muchos compañeros han olvidado completamente que son sanitarios y otros, aunque están seguros de que lo son, creen que lo son porque dominan y aplican las mismas técnicas y medicamentos que los profesionales de humana; y esto es lo que argumentan para defender su estatus sanitario.

Nada más lejos de la realidad; la Ley reconoce el carácter sanitario únicamente a aquellas profesiones que defienden la salud humana, ya sea mediante tratamiento, prevención o promoción. La Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias, puntualiza las razones por las que la profesión veterinaria es una profesión sanitaria, y son éstas y no ninguna otra, las que confieren este carácter a nuestra profesión. Dice en su artículo 6 “corresponde a los Licenciados en Veterinaria el control de la higiene y la tecnología en la producción y elaboración de alimentos de origen animal, así como la prevención y lucha contra las zoonosis (…).”

Es decir, como profesión, tenemos que tener claro que las complejas cirugías que seamos capaces de hacer, nuestro más moderno aparato de anestesia o radiología, el manejo y administración de anestésicos, psicotrópicos u otros medicamentos de uso restringido no nos confieren el carácter sanitario ya que este estatus viene dado por la protección de la salud de las personas, en nuestro caso, a través del control de las zoonosis y las toxiinfecciones alimentarias.

UN CARGO INHERENTE

Instintivamente, cuando queremos reivindicar nuestra condición sanitaria, en multitud de ocasiones lo hacemos esgrimiendo como argumento todo aquello de nuestro trabajo diario que se puede asimilar a lo que haría un médico de humana, ya sea en cirugía, cardiología, oftalmología o un amplio etcétera; sin embargo erramos al hacerlo de esta manera ya que, son precisamente las acciones en los campos que los médicos de humana no cubren, los que a nosotros nos confieren el carácter sanitario.

Y sepan ustedes que este no es un papel menor en la defensa de la Salud Pública ya que, según la OIE, entre el 60 y 75% del total de las enfermedades que sufren las personas, tienen origen animal o alimentario. Es con este dato en la mano con el que cobra sentido la afirmación de Pasteur con la que iniciábamos este artículo; es decir, sin veterinaria no hay Salud Pública.

Ahora los clínicos echan las manos a la cabeza porque nadie los considera sanitarios. Se reconoce antes una óptica o incluso un centro de ortopedia como centro sanitario que una clínica veterinaria, con el agravio tributario que esto conlleva. Sin embargo, hay compañeros, incluso algunos ocupando cargos representativos de la profesión, que siguen emperrados en intentar convencer a las autoridades responsables de que sus clínicas son centros sanitarios porque hacen, sobre las mascotas, casi todo lo que un médico especializado puede hacer sobre una persona.

¡Despertemos de una vez! ¡Nuestras clínicas son centros sanitarios!, efectivamente, y de vital importancia para la población humana, pero lo son porque controlan el quiste hidatídico, la leishmaniosis, babesiosis, tuberculosis, brucelosis, salmonelosis, campilobacteriosis, toxoplasma y un interminable etcétera de enfermedades transmisibles al hombre, no porque seamos capaces de hacer una cirugía de cataratas en un hermoso husky.

Hasta que nosotros mismos no tengamos claro por qué somos sanitarios, lo hayamos interiorizado y asumido realmente, y estemos plenamente convencidos de que somos el primer eslabón defensa de la Salud Pública, difícilmente podremos convencer a otros gremios sanitarios, o autoridad alguna, de ello.

Está claro que la culpa no es toda nuestra, ha habido una falta de sensibilidad de la clase política, pero ¿no es la clase política un reflejo de la sociedad? ¿Cuánto nos hemos molestado en nuestras clínicas en recordar a los clientes lo importantes que somos para la Salud Pública? ¿Les decimos con la suficiente frecuencia que la principal razón de revisar su mascota con la periodicidad adecuada no es el bienestar de su pequeño amigo (aunque también lo pueda ser) sino la salud de su propia familia? ¿Cuántas veces les hemos dicho en nuestra clínica cómo colocar los alimentos en su nevera o a qué temperatura los han de cocinar para que sean seguros? ¿Les decimos a menudo cómo manipular su comida para que su mascota o ellos mismos no la contaminen peligrosamente? ¿Por qué una embarazada le pregunta a su matrona, en lugar de a su veterinario, qué ha de hacer para poder comer un poco de embutido?

Si nosotros como colectivo no nos consideramos esenciales para la Salud Pública a diario ¿por qué la sociedad o los políticos habían de hacerlo?

Meditemos profundamente sobre ello porque, sin duda, gran parte de los problemas que tenemos como profesión derivan, de una u otra manera, de esta compleja situación. 

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