Director de la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca (Interporc)
Alberto Herranz
Director de la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca (Interporc)
“Iniciativas como Vet+i no solo impulsan el desarrollo científico y tecnológico, sino que fortalecen la capacidad del sector porcino para anticiparse a los retos sanitarios”
Chema Muñoz -
24-06-2026 - 11:45 H -
min.
El sector porcino de capa blanca constituye uno de los principales motores de la industria agroalimentaria española y desempeña un papel estratégico tanto en la economía nacional como en el desarrollo del medio rural.
Al mismo tiempo, el sector afronta importantes desafíos relacionados con la prevención de enfermedades emergentes, la sostenibilidad, el relevo generacional, la transferencia de conocimiento y la necesidad de reforzar la comunicación con una sociedad cada vez más interesada en cuestiones como el bienestar animal, la seguridad alimentaria y el impacto ambiental de la producción ganadera.
En este contexto, Alberto Herranz, director de la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca (Interporc), analiza en una entrevista para Animal’s Health la situación actual y las perspectivas de futuro del sector, abordando cuestiones como la sanidad animal y la prevención de la peste porcina africana, así como la contribución de ganaderos y veterinarios al desarrollo rural.
Asimismo, reflexiona sobre la importancia de una comunicación basada en la transparencia y la evidencia científica, además del papel que desempeñan la formación, la innovación y la colaboración con iniciativas como Vet+i para impulsar la competitividad y sostenibilidad del porcino español.
P. El sector porcino es uno de los motores de la industria agroalimentaria del país, y España se ha consolidado como uno de los principales productores y exportadores mundiales. ¿Qué factores han permitido alcanzar esta posición y qué retos hay por delante en el contexto internacional actual?
R. El liderazgo del sector porcino español no es el fruto de una circunstancia coyuntural, sino el resultado de una profunda transformación de toda la cadena de valor. España cuenta hoy con un sector altamente profesionalizado, tecnificado y orientado a la excelencia, que ha sabido invertir de forma decidida en sanidad animal, bioseguridad, bienestar animal, trazabilidad, sostenibilidad e internacionalización.
Los datos reflejan con claridad esta posición de referencia. En 2025, España produjo alrededor de 5,28 millones de toneladas de carne de cerdo y registró el sacrificio de 56,29 millones de animales. Estas cifras consolidan a nuestro país como primer productor de la Unión Europea y tercer productor mundial, solo por detrás de China y Estados Unidos.
Una de las grandes fortalezas del modelo español ha sido su competitividad y su extraordinaria capacidad exportadora. En 2025, el sector exportó productos porcinos por valor de 8.486 millones de euros y un volumen aproximado de 2,74 millones de toneladas. China se mantuvo como principal destino en volumen y segundo mercado en valor, seguida de otros mercados europeos y asiáticos de gran relevancia estratégica.
Este éxito responde a múltiples factores: la profesionalización de las granjas, la integración de la cadena de valor, la elevada calidad sanitaria, la adaptación a las exigencias de los mercados internacionales, la innovación constante y la capacidad de ofrecer productos con máximas garantías de seguridad alimentaria, trazabilidad y calidad. También ha sido determinante la visión integral de cadena, desde la producción hasta la transformación y comercialización, ámbito que representa precisamente Interporc.
De cara al futuro, los retos son igualmente claros: mantener la competitividad en un entorno internacional cada vez más exigente, diversificar mercados, reforzar la reciprocidad de estándares, seguir avanzando en sostenibilidad y bienestar animal, y preservar el estatus sanitario del sector. La detección de peste porcina africana en jabalíes silvestres en noviembre de 2025 evidenció que la sanidad animal, la vigilancia epidemiológica y la bioseguridad constituyen factores estratégicos esenciales para proteger tanto la producción como la capacidad exportadora.
El gran desafío, por tanto, no es solo mantener el liderazgo en volumen, sino consolidarlo también en calidad, sostenibilidad, seguridad alimentaria, innovación, bienestar animal y confianza internacional.
P. Desde el punto de vista de la sanidad animal, ¿cuáles son hoy los principales retos para proteger al sector porcino frente a enfermedades emergentes?
R. Más allá de la peste porcina africana, uno de los principales retos para el sector porcino desde el punto de vista de la sanidad animal es reforzar la capacidad de prevención y anticipación frente a enfermedades emergentes y reemergentes en un contexto cada vez más globalizado y complejo.
Hoy existen varios factores que incrementan el riesgo sanitario: el aumento de los movimientos internacionales de animales y mercancías, la presión sobre la fauna silvestre, el cambio climático, la evolución de los patógenos y la creciente interconexión entre países y mercados. Todo ello obliga a trabajar con una visión cada vez más preventiva y coordinada.
Por tanto, uno de los grandes desafíos es mantener y elevar los estándares de bioseguridad en toda la cadena de producción. La experiencia demuestra que la bioseguridad sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar la entrada y difusión de enfermedades. Es fundamental insistir en las medidas de aislamiento y separación eficaces (vallados perimetrales, control de accesos, separación de zonas, limpieza y desinfección, gestión de movimientos, etc.), vigilancia epidemiológica y formación continua de los profesionales del sector.
Otro reto fundamental es la detección precoz. La rapidez en identificar cualquier incidencia sanitaria resulta decisiva para contener posibles focos y minimizar su impacto. Por eso son esenciales los sistemas de vigilancia activa y pasiva, la coordinación entre veterinarios, laboratorios, productores y autoridades sanitarias, así como el uso creciente de herramientas tecnológicas y análisis de datos para mejorar la capacidad de monitorización.
También preocupa especialmente la evolución de enfermedades respiratorias y reproductivas complejas, como el PRRS, que siguen generando importantes pérdidas productivas y económicas a nivel internacional. A ello se suma el desafío de reducir el uso de antibióticos y avanzar en estrategias de prevención, vacunación y manejo que permitan seguir mejorando la sostenibilidad sanitaria del modelo productivo.
La sanidad animal está además estrechamente vinculada al concepto de ‘Una sola salud’ (One Health), que conecta la salud animal, la salud humana y el medio ambiente. Por ello, la colaboración entre administraciones, comunidad científica y sector productor es hoy más importante que nunca.
En definitiva, el gran reto no es únicamente reaccionar ante una enfermedad concreta, sino construir un sistema cada vez más resiliente, preparado y capaz de anticiparse a los riesgos sanitarios del futuro. Mantener el elevado estatus sanitario del porcino español es esencial no solo para proteger la producción y el bienestar animal, sino también para garantizar la confianza de los mercados internacionales y la competitividad del sector.
P. La ganadería desempeña un papel clave en muchas zonas rurales de España. ¿Qué importancia tienen hoy el ganadero y el veterinario para mantener la actividad económica, generar empleo y contribuir a fijar población en el territorio?
R. El sector porcino de capa blanca tiene hoy una importancia estratégica para el medio rural español, no solo desde el punto de vista de la producción de alimentos, sino también social, económico y territorial. En muchas comarcas, especialmente en zonas con riesgo de despoblación, la actividad ganadera representa una figura esencial para mantener actividad económica, empleo y vida en el territorio.
De esta manera, sumando toda la cadena de valor, proporciona trabajo a más de 474.000 personas, sumando empleo directo, indirecto e inducido. Más de 160.000 corresponden a empleos directos, más de 203.000 a empleos indirectos y cerca de 111.000 a empleos inducidos.
Su impacto en el medio rural es especialmente relevante. En muchos municipios rurales, el porcino constituye uno de los principales motores económicos y una fuente estable de ingresos y oportunidades. El 43% de las granjas porcinas españolas y el 45% de las industrias del porcino se ubican en municipios de menos de 5.000 habitantes. Además, en estos municipios se concentra el 35% del empleo de la industria porcina, lo que convierte al sector en un activo clave para fijar población y vertebrar el territorio.
Por tanto, el papel de las empresas ganaderas va mucho más allá de la producción de alimentos: son también gestoras del territorio, dinamizadoras económicas y una pieza clave para la cohesión social del medio rural. Su actividad contribuye a fijar población, mantener servicios, sostener tejido empresarial y evitar el abandono de amplias zonas rurales.
Es aquí donde el veterinario desempeña igualmente una función absolutamente fundamental. La sanidad animal, la bioseguridad, el bienestar animal y la seguridad alimentaria dependen en gran medida del trabajo diario de los profesionales veterinarios. Su labor es esencial tanto para garantizar la sanidad animal y proteger la salud pública como para asegurar la calidad y competitividad de las producciones ganaderas.
Además, el veterinario se ha convertido en un actor estratégico dentro del enfoque ‘One Health’. Su presencia en el territorio resulta clave para la vigilancia epidemiológica, la prevención sanitaria y la respuesta rápida ante posibles emergencias.
Así, hablar de ganadería es también hablar de vertebración territorial, de empleo cualificado y de sostenibilidad social del medio rural. Mantener un sector porcino fuerte, competitivo y profesionalizado significa mantener vivos muchos pueblos y garantizar oportunidades de futuro en numerosas zonas rurales de España. Cuando hablamos de relevo generacional en el sistema agroalimentario, no hablamos solo de que haya nuevos ganaderos. Hablamos también de atraer veterinarios, técnicos, investigadores, especialistas en sostenibilidad, responsables de calidad, profesionales de comercio exterior y jóvenes capaces de liderar la transformación del sistema alimentario desde el territorio.
P. En los últimos años también ha cobrado importancia la comunicación del sector. ¿Crees que la sociedad conoce realmente el trabajo que se realiza en materia de bienestar animal, sostenibilidad y sanidad en las explotaciones ganaderas?
R. Creo que la sociedad conoce cada vez más, pero todavía no conoce lo suficiente. Hay una brecha importante entre la realidad del sector porcino actual y la percepción que a veces existe en parte de la opinión pública.
El sector ha avanzado muchísimo en bienestar animal, sostenibilidad, bioseguridad, trazabilidad y seguridad alimentaria. El porcino español está altamente profesionalizado y verticalizado, y ha realizado grandes avances e inversiones en bioseguridad, bienestar animal y reducción de emisiones en los últimos años.
En bienestar animal, por ejemplo, el sector cuenta con herramientas específicas de certificación como el sello ‘B+ Compromiso Bienestar Animal’, que permite al consumidor reconocer productos elaborados con garantías adicionales en materia de sostenibilidad, sanidad y bienestar animal. Este sello permite establecer un canal de comunicación transparente y directo con el consumidor, partiendo de una legislación europea ya muy exigente y añadiendo una certificación voluntaria más estricta en bienestar animal.
En sostenibilidad, se han producido avances relevantes que muchas veces no llegan con suficiente claridad a la sociedad. Entre 1990 y 2021, el porcino redujo un 42,9% sus emisiones de gases de efecto invernadero y ha disminuido en torno a un 30% la huella hídrica por kilogramo de carne de cerdo producido a nivel de granja.
El reto, por tanto, no es solo hacer las cosas bien, sino explicarlas bien. La comunicación del sector debe ser transparente, rigurosa, basada en datos y comprensible para el consumidor. La sociedad tiene derecho a saber cómo se producen los alimentos, qué controles existen, qué papel juegan los veterinarios, cómo se garantiza el bienestar animal y qué esfuerzos está haciendo el sector para reducir su impacto ambiental.
También debemos evitar una comunicación defensiva. Hay que abrir más el sector, escuchar más a la sociedad, explicar con naturalidad, reconocer los retos y mostrar los avances. La confianza no se construye solo con mensajes, sino con transparencia, coherencia y hechos verificables.
P. En este sentido, ¿qué puede hacer el propio sector para comunicar mejor su labor y reforzar la transparencia y la confianza de los consumidores?
R. El sector porcino tiene hoy el reto y también la oportunidad de acercarse más a la sociedad y explicar con mayor claridad cómo trabaja, cuáles son sus estándares y cuál es su contribución económica, social y alimentaria. La confianza del consumidor se construye desde la transparencia, la información rigurosa y la capacidad de mostrar la realidad del sector de forma abierta y comprensible.
Esta es una de las principales misiones que tiene encomendadas INTERPORC y en las que llevamos trabajando desde la creación de la Interprofesional.
En primer lugar, es fundamental comunicar mejor el enorme esfuerzo realizado en ámbitos como la sanidad animal, la bioseguridad, el bienestar animal, la sostenibilidad, la reducción del impacto ambiental y la seguridad alimentaria. Muchas veces, el consumidor desconoce el nivel de exigencia normativa y profesional con el que trabaja actualmente el sector porcino español.
También es importante humanizar la comunicación y poner rostro a la cadena de valor: explicar el trabajo diario de ganaderos, veterinarios, técnicos e industria, mostrando que detrás del sector hay miles de profesionales comprometidos con la calidad, la innovación y el cuidado de los animales.
La transparencia debe apoyarse además en datos verificables, trazabilidad y divulgación accesible. El consumidor valora cada vez más conocer el origen de los productos, cómo se producen y bajo qué estándares sanitarios, ambientales y de bienestar animal. En este sentido, abrir canales de diálogo con la sociedad, los medios de comunicación, el ámbito científico y el entorno educativo resulta esencial.
Otro aspecto clave es combatir la desinformación con pedagogía y evidencia científica. El debate sobre producción animal suele estar muy expuesto a mensajes simplificados o alejados de la realidad técnica. Por eso el sector debe participar activamente en la conversación pública, aportando información contrastada y explicando tanto sus avances como los retos que aún tiene por delante.
Además, la comunicación ya no puede ser únicamente reactiva. Debe ser constante, cercana y adaptada a los nuevos formatos y canales digitales, especialmente para conectar con las generaciones más jóvenes, cada vez más interesadas en cuestiones relacionadas con sostenibilidad, bienestar animal y alimentación.
En definitiva, el sector porcino reforzará la confianza de los consumidores no solo por lo que hace, sino también por cómo lo explica. La transparencia, la escucha y la capacidad de demostrar con hechos el compromiso con la calidad, la sostenibilidad y la seguridad alimentaria serán claves para mantener la legitimidad social y el liderazgo del sector en el futuro.
P. En este contexto, la formación especializada cobra cada vez más importancia. ¿Qué papel pueden desempeñar iniciativas como el Máster MADISAN en la profesionalización del sector agroalimentario y en la mejora de su capacidad de comunicación?
R. Sin duda, la formación especializada es hoy un elemento estratégico para el futuro del sector agroalimentario. Nos encontramos ante un entorno cada vez más complejo, globalizado y exigente, en el que ya no basta únicamente con producir bien; también es imprescindible gestionar, innovar, comunicar y responder a las demandas sociales con rigor y profesionalidad.
En este contexto, este tipo de iniciativas pueden desempeñar un papel muy relevante en la profesionalización del sector, porque contribuyen a formar perfiles capaces de integrar conocimiento técnico, visión estratégica y capacidad de comunicación. El sector agroalimentario necesita profesionales preparados para afrontar retos relacionados con sanidad animal, sostenibilidad, bienestar animal, seguridad alimentaria, regulación, internacionalización o gestión de crisis, pero también capaces de trasladar todo ese trabajo a la sociedad de manera clara y comprensible.
Uno de los grandes desafíos actuales del sector es precisamente reducir la distancia entre el mundo agroalimentario y el consumidor urbano. Muchas veces existe un gran desconocimiento sobre cómo se producen los alimentos, cuáles son los controles existentes o qué esfuerzos realizan diariamente productores, veterinarios e industria. Por eso, formar profesionales que sepan comunicar con base científica, transparencia y credibilidad resulta cada vez más importante.
La comunicación especializada va a ser cada vez más determinante. El sector necesita voces preparadas que sepan explicar con rigor temas complejos como la sanidad animal, la sostenibilidad o la seguridad alimentaria, especialmente en un contexto donde la información circula de forma inmediata y donde la desinformación puede generar confusión o pérdida de confianza.
En definitiva, de esta manera se contribuye no solo a mejorar la cualificación técnica de los profesionales, sino también a fortalecer la capacidad del sector para dialogar con la sociedad, generar confianza y afrontar con mayor solvencia los retos del futuro.
P. Más allá de la formación, la innovación también es clave para afrontar los retos sanitarios y productivos del sector ganadero. ¿Cómo valoras el papel de la colaboración público-privada en el impulso de la I+D+i en sanidad animal?
R. La colaboración público-privada es absolutamente esencial en todos los aspectos. En sanidad animal ningún actor puede afrontar los retos por separado. Las enfermedades emergentes, las resistencias antimicrobianas, la bioseguridad, la vigilancia epidemiológica o la digitalización de las granjas requieren una respuesta coordinada entre administraciones, sector productivo, veterinarios, universidades, centros de investigación, industria farmacéutica, empresas tecnológicas y organizaciones sectoriales.
En el sector porcino hay ejemplos concretos de grupos operativos y proyectos orientados a la bioseguridad, a la reducción del uso de antibióticos en granjas o al desarrollo de nuevas vacunas frente a la peste porcina africana.
La I+D+i en sanidad animal no debe quedarse en el laboratorio. Tiene que llegar a la granja, al veterinario, a la industria y a toda la cadena de valor. La colaboración público-privada permite transformar conocimiento científico en soluciones prácticas, medibles y aplicables para mejorar la sanidad animal, la competitividad, la sostenibilidad y la seguridad alimentaria.
P. Uno de los grandes retos de la investigación es trasladar el conocimiento científico a la práctica diaria de las explotaciones. ¿Cómo puede mejorarse la transferencia de innovación desde los centros de investigación y las empresas hacia el sector ganadero?
R. Uno de los grandes desafíos del sector agroganadero es conseguir que la innovación y el conocimiento científico lleguen de forma ágil, práctica y útil a las explotaciones. España cuenta con centros de investigación, universidades y empresas con un enorme nivel técnico, pero el verdadero valor de la innovación se produce cuando ese conocimiento logra transformarse en mejoras reales sobre el terreno.
Como señalaba anteriormente, para mejorar esa transferencia es fundamental reforzar la colaboración entre investigación, empresa y sector productor. Es por ello que iniciativas como los ‘Animal Health Innovation Days’, que organiza la Fundación Vet+i y en los cuales estamos encantados de colaborar, son fundamentales para conseguir avanzar en esta línea, a partir del análisis de los principales retos y oportunidades en innovación en sanidad porcina, el fomento de la colaboración público-privada y la puesta en valor de iniciativas estratégicas específicas para este ámbito.
En definitiva, mejorar la transferencia de innovación exige crear una conexión mucho más estrecha entre ciencia y producción. El futuro del sector ganadero dependerá en gran medida de su capacidad para convertir el conocimiento en herramientas útiles, aplicables y capaces de generar valor real para los profesionales y para toda la cadena agroalimentaria.
P. En este ámbito, plataformas como Vet+i se han consolidado como espacios de cooperación entre administración, ciencia y empresa. ¿Qué aportan este tipo de iniciativas al desarrollo científico y tecnológico del sector ganadero?
R. Está claro que las plataformas como Vet+i aportan un valor estratégico al sector al favorecer la colaboración estable entre administración, comunidad científica, universidades, centros de investigación y empresas. En un entorno tan complejo y competitivo como el actual, la innovación ya no puede desarrollarse de forma aislada; requiere cooperación, visión compartida y capacidad para transformar el conocimiento en soluciones reales para el sector.
Este tipo de iniciativas permiten identificar prioridades comunes y orientar la investigación hacia las necesidades concretas de la producción animal y la sanidad veterinaria. Gracias a esa conexión entre ciencia y empresa, resulta más fácil impulsar proyectos con aplicación práctica en ámbitos como prevención de enfermedades, desarrollo de vacunas, diagnóstico, bioseguridad, sostenibilidad, bienestar animal o reducción del uso de antibióticos.
En definitiva, iniciativas como Vet+i no solo impulsan el desarrollo científico y tecnológico, sino que fortalecen la capacidad del sector porcino para anticiparse a los retos sanitarios, productivos y ambientales del futuro, mejorando su sostenibilidad, resiliencia y competitividad internacional.