José Peñalver, veterinario y Export Business Development de Labiana, analiza la situación de la lengua azul en España y repasa las principales medidas de prevención y control frente a la enfermedad
Cinco claves a tener en cuenta ante la nueva circulación del virus de la lengua azul en España, según Labiana
José Peñalver, veterinario y Export Business Development de Labiana, analiza la situación de la lengua azul en España y repasa las principales medidas de prevención y control frente a la enfermedad
Redacción -
17-08-2026 - 09:30 H -
min.
De acuerdo con la definición del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), la lengua azul o fiebre catarral ovina es una enfermedad vírica no contagiosa que afecta a los rumiantes, principalmente a las ovejas, pero también a los bovinos, las cabras, los búfalos, los antílopes, los ciervos o los alces, y que es transmitida por los mosquitos del género Culicoides. No es una enfermedad zoonósica y no supone un riesgo para la salud humana.
En España, el escenario se ha complicado en los últimos años por la circulación de varios serotipos. El propio MAPA señaló que durante 2024 coincidieron por primera vez cuatro serotipos —1, 3, 4 y 8—. El aumento de temperaturas y los cambios en las condiciones ambientales pueden favorecer más la proliferación de estos mosquitos y una distribución más amplia de los serotipos.
Este mes de agosto han aparecido nuevos casos. En Castilla y León se ha confirmado un foco de serotipo 3 en una explotación de vacas en Segovia, con 618 animales. Y el 12 de agosto se notificó el primer foco de 2026 en Extremadura, concretamente en Navalvillar de Pela (Badajoz), correspondiente al serotipo 8. Tal y como afirman desde Labiana, “esto es importante porque estamos hablando de dos serotipos diferentes y dos territorios ganaderos relevantes, no simplemente de la repetición de un único foco”.
En este contexto, el MAPA considera la vacunación una de las principales herramientas para prevenir la enfermedad clínica y reducir las pérdidas económicas. Pero “conviene explicar que las vacunas son específicas frente a serotipos, por lo que conocer qué serotipo está circulando es fundamental para diseñar una estrategia adecuada”, destaca José Peñalver, veterinario y Export Business Development de Labiana.
El control vectorial puede complementar la vacunación, especialmente durante los periodos de mayor actividad de los mosquitos, como son los meses con altas temperaturas. El MAPA cuenta incluso con un apartado específico sobre productos insecticidas autorizados para su uso en el entorno ganadero.
“Durante los periodos de mayor actividad de Culicoides, especialmente cuando coinciden temperaturas cálidas y ambientes húmedos, debemos extremar las medidas para reducir la exposición de los animales al vector. No podemos eliminarlo de una explotación, pero sí podemos intentar disminuir el contacto con los animales mediante medidas de manejo y productos autorizados, siempre bajo criterio veterinario. Estas medidas deben complementarse con la vacunación frente a los serotipos de riesgo”, indica Peñalver.
La infección puede ser inaparente o producir desde enfermedad leve hasta cuadros graves. Puede producir mortalidad, pérdida de peso y condición corporal del animal, disminución de la producción y problemas reproductivos.
El MAPA señala que los signos pueden ser variables y que el diagnóstico clínico no es específico. En ovino pueden aparecer fiebre, edema facial, lesiones y ulceraciones en mucosas, salivación, lengua tumefacta, cojera, debilidad y abortos, entre otros signos. El diagnóstico de laboratorio es esencial y permite, además, identificar el serotipo implicado.
“Ante signos compatibles con lengua azul, el ganadero debe contactar con su veterinario y seguir el procedimiento de comunicación establecido por los Servicios Veterinarios Oficiales de su comunidad autónoma”, destacan desde Labiana.
La lengua azul puede tener un impacto económico importante en las explotaciones, no solo por la mortalidad, sino también por la enfermedad clínica, los abortos, la pérdida de productividad, los costes veterinarios y las necesidades de reposición. Un estudio del MAPA realizado sobre 40 rebaños ovinos afectados durante 2025 registró una morbilidad superior al 28%, una mortalidad superior al 6% y una tasa de abortos superior al 7%. El informe señala, además, que la enfermedad puede afectar a la estructura de gastos e ingresos de las explotaciones durante varios ejercicios.
“Por eso, prevenir no significa únicamente evitar la muerte de animales. Significa también reducir la enfermedad clínica, proteger la productividad de la explotación y limitar los costes que puede generar un brote”; concluyen desde Labiana.